martes, 26 de febrero de 2008

Operación sin anestesia

Fue en el hospital, recién operado de apendicitis. Tenia un compañero en la habitación que se llamaba Ramón, y tambien estaba operado de apendicitis como yo. Mucha gente dice que no les gusta estar en los hospitales, que se ven muchas calamidades. Aquí en esta historia, todo sucede de otra forma.
El amigo Ramón recien operado y con los puntos recientes se fue a sentar en la cama para acostarse; lo hacia tan despacio, que hasta doblar el cuerpo tardó por lo menos 5 minutos. Cuando casi lo habia conseguido; la cama, como tenia ruedas, se le fue hacia un lado, y el amigo Ramón cayó con los pies hacia arriba, al mismo tiempo que gritaba de dolor. Yo no le pude ayudar porque estaba en sus mismas condiciones con los puntos. Pero lo que si notaba, era un sudor frio que me corria por la frente. Queria reirme a carcajada limpia pero no podia. Tuve que contenerme por los puntos, y casi me pongo más enfermo de lo que estaba. Se levantó como pudo con ayuda de un enfermero, y lo metió en la cama como un cacharro viejo.
Ese mismo dia por la tarde, cuando ya se le habia pasado, le veo que se dirige a la taquilla y coge los zapatos. (yo pensaba que se iba sin el alta del médico) Lo que iba a hacer era atar la cama a una tuberia de la calefacción que sobresalia de la pared con los cordones de los zapatos. Así lo hizo, y al siguiente dia por la mañana temprano, cuando vino Lola la enfermera con los termómetros en la bandeja y las pastillitas que teniamos que tomar, pegó un tropezón con el cordón del zapato, y fue a estrellar la cabeza en el televisor que teniamos a nuestros pies de la cama; la bandeja la estrelló contra la pared y el televisor lo hizo añicos.
Yo notaba como de un momento a otro se me iba a soltar algún punto de la cicatriz. Tuve que agarrar la sábana fuerte con la mano y poner todos los músculos tensos del cuerpo para no reirme. Cuando vi que se incorporaba del suelo la enfermera, la cofia que llevaba la tenia de medio lado, igual que los toreros cuando hacen el paseillo. No pude más, me entró un hipo nervioso que no pude controlar, y se me soltó un punto. tuvieron que hacerme una cura urgente. Ramón que lo vió todo se tapaba la cabeza con la sábana, para que no le viera reirse, pero le delató la cama que se movia sola, como si dos recien casados estuvieran haciendo el amor. La enfermera, después de echarle la bronca, se fue maldiciendo en varios idiomas.
- ¡ Ya nos ha jodido el partido de esta tarde!- dijo Ramón cuando salió Lola de la habitación.
Al rato , entró otra enfermera, y muy educadamente nos dijo:
-Si necesitais ayuda, solo tenéis que pulsar la pera y vendremos alguna de nosotras. No hace falta que aten cuerdas ni nada por el estilo, nosotras estamos para ayudar.
Todo esto sucedió un martes; el miercoles, el amigo Ramón preparó otra. Como le tiraban los puntos y no podia estar mucho tiempo de pie, enchufaba la maquinilla de afeitar en un enchufe que tenia detrás de la cama y se afeitaba acostado.
El problema era luego quitar el cable del enchufe, él no llegaba, y tenia que levantarse. Se me ocurrió a mi, que llamara a la enfermera con la pera para que quitara el cable. Cuando vimos a la amiga Lola aparecer por la puerta, me empecé a acordar de la cofia, y notaba otra vez el sudor frio. Ramón cuando la vio no la aguantó la mirada, y mirando hacia el suelo la dijo en voz baja:
-Es para que me quite el cable de la maquinilla del enchufe, que no llego.
Después de echarle la bronca por afeitarse en la cama, se agachó para tirar del cable, con tan mala suerte que el cable estaba un poco pelado del uso, y la arreó un calambrazo que se cayó de espaldas. Al ir a incorporarse tiró con la otra mano el vaso de agua que tenia Ramón en la mesilla. Al derramarse el agua en el suelo y no soltar el cable, se puso a bailar como una loca enfrente de la ventana; (el que la viera desde la calle, pensaria que estaba bailando alguna canción de Georgie Dann). Yo desde la otra cama chorreando de sudor la decia:
- ¡Suelte el cable, suelte el cable! pero ella no lo soltó, parecia qeu le habia cogido cariño. Me puse rojo, rojo, me entró el hipo, se me soltó otra vez el punto, y lo que no me habia pasado nunca: me cagué.
La enfermera Lola tenia los pelos de punta, y la cofia, era la segunda vez que hacia el paseillo en dos dias. Por una parte queria que me cambiaran de habitación, pero por otra parte pensaba que la diversión estaba garantizada y sin sacar entrada, aunque me costara sufrir.
Al dia siguiente por la mañana se presentó la enfermera Lola otra vez con los termómetros y las pastillitas. Mi imaginación sin quererlo se iba hacia la cofia, pensando lo bien que la llevaba puesta. Tambien pensaba que la pastillita que nos traia, seria veneno o algo peor, o el termómetro que nos iba a poner en la boca, lo habia tenido algún enfermo de otra habitación puesto en el culo y Lola no lo habia limpiado. NO sé, mil cosas me pasaban por la cabeza. Antes de salir Lola de la habitación , la dijó Ramón, como si llamara a un camarero....
- ¡Enfermera! , ¿Cuándo nos van a traer la tene nueva? Lola se volvió dando un respingo y le dijo:
- Cuando la pagues, cabrón, y se fue.
Seguian pasando las horas y nuestra mejoria se iba notando, pero como no habiamos comido nada sólido las tripas las teniamos llenas de aire. Era bueno soltarlo pero daba corte porque teniamos la puerta abierta y se oia todo.
Al amigo Ramón parecian no importarle eso y empezó el show, primero tirando uno flojito para observar. Como vió que no pasaba nada tiró otro, pero éste ya iba un poco subido de tono. Yo ya estaba empezando a coger confianza tambien y me tiré uno flojito como el primero de Ramón. Nadie se enteró, excepto Ramón que vi como giraba la cabeza. El tercero de él fue de denuncia. Sonó como un cohete, con tan mala suerte que entraba el médico en ese momento con dos colegas más y Lola la enfermera pasando visita. Lo siento..... Continuara

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